Mierda de cinco minutos.
Tenía una tarea de TLRIID (taller de lectura, redacción e iniciacion a la investigación documental, español pués), en la cuál me pedían hacer un poema vanguardista. Como pinche buen estudiante que soy, se me olvidó por completo. Así que decidí hacerla llegando al salón. Después de pensar en blanco durante algunos minutos, finalmente se me ocurrió lo siguiente:
“Tus cálidos ojos,
de la mano me llevan, a un sueño profundo,
tu sonrisa me dice,
que es imposible despertar.”
¡Ahuevo, lo logré! Entusiasmado de que había logrado mi objetivo, entregué mi pedazo de papel con el texto. La maestra lo vió y me dijo que “estaba muy corto”. Toda mi alegría se transformó en odio, pues me había enamorado de mi creación de cinco minutos. Así que pensé: no mames, no me vuelvo a esforzar haciendo una tarea. Lo cumplí. Esa perra aprendió y me puso nueve en el bimestre.



